Escrito por Gustavo Bayardi Fuentes,
Noviembre 7, 2007 a las 6:31 pm
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El 2 de octubre de 1924 más de 30.000 personas fueron testigos de un hecho que quedó grabado en la historia del fútbol mundial. Se trató nada menos que del gol olÃmpico.
La selección uruguaya de fútbol se habÃa consagrado campeón olÃmpico en los Juegos celebrados en ParÃs (Francia) de 1924. Algo inédito hasta la fecha en el fútbol sudamericano, ya que nunca una selección de estas latitudes habÃa logrado un tÃtulo por tierras europeas. Tanta resonancia tuvo tal acontecimiento que el dÃa de la consagración de los uruguayos con fecha 9 de julio, es considerado hoy como “El dÃa del fútbol sudamericanoâ€.
A raÃz de este hecho la selección Argentina le ofreció a su similar uruguaya dos partidos amistosos con motivo de su logro olÃmpico. Se dice que el clásico rioplatense acrecentó su fama luego del tÃtulo conseguido por los uruguayos en ParÃs.
El primero de los partidos se jugó en Montevideo el 21 de setiembre y finalizó 1-1. Una semana después la revancha serÃa en Buenos Aires, el lugar fijado fue la cancha de Sportivo Barracas. Esta tenÃa capacidad para 40.000 espectadores pero ante la expectativa se rompieron todos los pronósticos y se llegaron a vender 42.000 entradas (35.000 populares a $1 y 7.000 plateas a $3). Según dos conocidos periódicos argentinos de la época sumando los invitados, los socios y los colados, ese dÃa hubo para La Nación 52.000 personas y casi 60.000 para La Razón.
El encuentro no llegó a finalizar, el árbitro uruguayo (Vallarino) decidió suspender el partido por varios incidentes ocurridos. El match se inició con mucho público al borde de la lÃnea lateral y esto hizo casi imposible la normal realización del juego.
Finalmente se logró organizar la revancha para el jueves 2 de octubre. A causa de los antecedentes se tomaron varias medidas. Una de ellas fue cercar el campo de juego con un alambrado de un metro y medio de alto, el hecho era ya conocido en varias canchas argentinas y uruguayas, pero en este caso se le llamó “alambrado olÃmpicoâ€. Otra medida a tomar fue el restringimiento de la cantidad de entradas y su aumento en el precio. Se vendieron 15.000 populares a $2 y 5.000 plateas a $5. En total fueron ese dÃa alrededor de 30.000 espectadores.
Con condiciones totalmente distintas y aparentemente mejores garantÃas, se jugó finalmente el encuentro amistoso entre Uruguay y Argentina.
A los 15 minutos del primer tiempo, el puntero izquierdo Cesáreo Onzari, anotó el afamado gol, igualó el vasco Cea a los 29 y Domingo Tarasconi puso el 2-1 definitivo a los ocho del segundo tiempo. El partido no llegó a terminar porque los uruguayos se retiraron faltando cuatro minutos.
Los argentinos se quejaron del juego brusco de Uruguay, del que fue vÃctima Adolfo Celli, quién sufrió fractura de tibia y peroné. Por otra parte los uruguayos acusaron a los argentinos por la “incultura†de su público, que agredió a los jugadores con piedras y botellas. El hecho anecdótico fue que Héctor Scarone (considerado como el mejor futbolista de la época) le pegó una patada a un policÃa y terminó en la comisarÃa.
Más allá del bochornoso final, hecho que indicaba la gran rivalidad de la época, el partido quedará en la memoria por el golazo de Onzari. El diario La Nación logró la palabra del árbitro uruguayo (Vallarino) que destacó el hecho “Tengo la seguridad de haber actuado a conciencia, en ningún momento dejé de cumplir mi misión en la forma en que entendÃa debÃa hacerlo. Prueba de ello, los goles que sancioné, el primero de los cuales directamente de un córner, aún cuando esa nueva disposición del reglamento oficial no nos ha sido comunicada a los referees de la Asociación Uruguaya de Football”.
La Razón le dedicó un párrafo especial asegurando que hacÃa 15 dÃas se sabÃa de la nueva reglamentación y que “esta sanción se ha producido en una oportunidad propicia y que será recordada siempre”.
La regla habÃa sido modificada por la International Board el 14 de junio de 1924, y según algunos historiadores, el primer gol directo de córner se produjo el 21 de agosto en un partido de la Segunda División de Fútbol de Escocia siendo su autor Billy Alston. Aunque nunca logró la trascendencia de Cesáreo Onzari.
El jugador lo relató asÃ: “Me salió porque tenÃa que salir. Quizá el arquero uruguayo Mazzali se habÃa levantado con el pie izquierdo ese dÃa, porque nunca más volvà a embocar otro como ése. Puede ser que el guardián oriental, acosado por Gabino Sosa y Ernesto Celli haya perdido la estabilidad. Pero lo cierto es que cuando vi la pelota dentro del arco, no lo podÃa creer”.
Cesáreo Onzari se inició en Sportivo Boedo en el año 1920, se incorporó a Huracán de Parque de los Patricios en 1921, donde fue cuatro veces campeón (1921, 22, 25 y 28) y jugó hasta 1933. En el estadio de Huracán, un sector de la platea lleva su nombre. Jugó 15 partidos en la selección Argentina y convirtió cuatro goles, uno de ellos lo marcó para siempre ingresando en la mejor historia del fútbol. Finalmente falleció un siete de enero de 1964 a los 60 años.
Según decÃan los jugadores uruguayos de la época, el gol de Onzari habrÃa sido por obra del viento, quitándole trascendencia al hecho. Sin embargo los argentinos argumentaban que el gol no tuvo incidencia de ningún factor externo ni fue fruto de la casualidad. Lo que si quedó en la mejor historia del fútbol fue el nombre que se le puso al poco usual gol desde el córner, llamado en homenaje o con ironÃa, como el Gol OlÃmico.